El camino hacia

mis raices y alas ...

Mi historia personal

Mi camino hacia la sanación sistémica comenzó como un eco interno que no podía ignorar. Durante años, sentí que navegaba mi vida con un mapa incompleto: éxito profesional, relaciones, salud… todo parecía en orden, pero algo más profundo susurraba que faltaba conexión con un origen más esencial.

El síntoma llegó primero. No como una enfermedad dramática, sino como un persistente ‘malestar del alma’ que se manifestaba en pequeñas repeticiones: patrones en relaciones que no comprendía, reacciones emocionales desproporcionadas, una sensación de llevar pesos que no me pertenecían.

Fue en mi formación en Psicología Social donde encontré las primeras pistas: comprendí que no somos islas, que nuestras historias personales están tejidas en redes familiares y sociales más amplias. Pero algo aún faltaba…

La biodecodificación me dio el lenguaje del cuerpo. Aprendí que los síntomas no son fallas del organismo, sino mensajes codificados que intentan comunicar conflictos emocionales no resueltos. Mi propio cuerpo comenzó a hablar, y por primera vez, supe escuchar.

Pero el giro más profundo vino con las Constelaciones Familiares. En mi primera constelación personal, experimenté físicamente lo que hasta entonces era teoría: sentí en mis huesos las lealtades invisibles, los destinos interrumpidos, los amores no reconocidos en mi sistema familiar.

Ese día comprendí: no estaba ‘roto’, estaba intentando sanar heridas que precedían mi nacimiento. Esta revelación no solo me trajo alivio personal, sino una claridad vocacional: quería facilitar ese mismo tipo de encuentro sanador para otros.

Raíces y Alas’ nació en ese cruce: el espacio donde lo social, lo corporal y lo transgeneracional podrían encontrarse en un solo acompañamiento coherente y al servicio de la vida.

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1. ¿Por qué facilitador y no terapeuta?

2015-2025

Elegí llamarme facilitador deliberadamente. Porque estoy convencido de que las jerarquías rígidas no existen en un Espacio que propicia la sanación (sí puedo afirmar que existen roles en el encuadre)
Mi experiencia me enseñó que vos sos el experto en tu vida; yo solo ofrezco el mapa, las herramientas y la compañía en el viaje.

Facilitar significa para mí:

Crear el espacio seguro donde puedas mirar lo difícil
Señalar patrones que quizás no ves desde dentro
Ofrecer herramientas concretas, no solo teoría
Acompañar sin dirigir, respetando tu sabiduría interna
Esta posición humilde pero preparada es lo que define mi práctica.”

 

2. Mi propio proceso contínuo

Este trabajo no es algo que ‘aplico’ a otros desde afuera. Es una práctica viva en mi propia vida y  sistemas.
Sigo asimilande e integrando mis propias dinámicas sociales/familiares
Sigo escuchando los mensajes de mi cuerpo.
Sigo aprendiendo de cada persona que acompaño.

Porque creo que un facilitador sistémico debe estar en constante diálogo con sus propias raíces y alas.
La congruencia entre lo que practico y lo que ofrezco es no negociable para mí.

3. Fuera de los encuentros

Cuando no estoy facilitando procesos me encontraras:

Caminando en la naturaleza, recordando que somos parte de sistemas mayores. Leyendo sobre nuevos enfoques en psicología somática y sistémica. Escribiendo reflexiones sobre sanación transgeneracional. Disfrutando tiempo con mi propio sistema familiar.

Porque para sostener un espacio sagrado para otros, debo cultivar mi propio suelo fértil.

4. Visión de futuro

Veo un futuro donde la sanación sistémica deje de ser una práctica poco frecuente y se convierta en una praxis visible y accesible para todos.
Donde las personas comprendan que sus diferentes síntomas no son fallas, sino llamados a reconectar con lo excluido, lo negado.

‘Raíces y Alas’ es mi contribución a esa visión: un espacio donde cada persona, independientemente de su historia, pueda encontrar las herramientas para honrar su pasado y crear su futuro.”

5. preguntas que me hago permanentemente

En mí práctica, permanentemente me cuestiono:

Estas preguntas mantienen mi práctica viva, ética y efectiva.

 

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Detrás del facilitador

Lo que nunca digo en un encuentro

Hay principios que guardo silenciosamente pero guían cada encuentro: Nunca forzaré una revelación – el sistema revela cuando está listo Tu tiempo es sagrado – 50 minutos son 50 minutos No tengo todas las respuestas y eso está bien Tu secreto es tuyo para siempre incluso después de morir Puedes irte cuando quieras, la autonomía es la base Estas son mis fronteras invisibles, el marco que hace que el espacio sea realmente seguro

Lo que he aprendido de quienes acompaño

Mis mayores maestros han sido las personas que han confiado en mí: Me enseñaron que la resiliencia humana supera cualquier teoría. Me mostaron que el amor transgeneracional puede sanar heridas centenarias. Me recordaron que la valentía a menudo viene disfrazada de temblor. Me probaron que la transformación es posible incluso cuando parece imposible. Por eso agradezco cada confianza depositada en este espacio.

Una imágen que me guía

Hay una imágen que guardo en mi mente: Un árbol antiguo con raíces profundas y ramas que tocan el cielo. Las raíces no limitan al árbol, lo alimentan. Las ramas no niegan las raíces las expresan hacia la luz. Ese árbol representa a cada uno de nosotros. Nuestra tarea no es cortar raíces, sino sanarlas para que las ramas vuelen más alto.

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Mi ritual ante cada acompañamiento

family, nature, beach, people, ocean
Joyful moment of a mother and daughter holding hands on a sunny beach in Portugal.
A stylish man with a backpack boards a tram in bustling Budapest, Hungary, during the day.

Trabajemos juntos

¿Tienes algún aspecto de tu vida  que no esté funcionando como debería. Me encantaría escucharte para que juntos; hagamos realidad el orden necesario que necesitas para volar.