Hay un experimento que, aunque no nació en un laboratorio de física cuántica, se volvió una metáfora perfecta de lo que venimos hablando: la memoria de los sistemas y la interconexión de todo. La memoria del agua Bohm sanación es el eje de este capítulo. Campos mórficos Sheldrake sanación – Capítulo 3

Su protagonista no es un físico cualquiera. David Bohm (1917-1992) fue el hombre que se doctoró bajo la supervisión de Robert Oppenheimer, el padre de la bomba atómica. Trabajó junto a Albert Einstein en Princeton, quien lo consideraba su “hijo espiritual” y elogió profundamente su obra sobre teoría cuántica. Perseguido por el macartismo, tuvo que abandonar Estados Unidos y exiliarse en Brasil, Israel y finalmente Londres, donde desarrolló la mayor parte de su pensamiento.

En 1980 publicó su obra cumbre: “La Totalidad y el Orden Implicado”. En ella, Bohm propone que el universo no es un conjunto de partes separadas, sino un “todo indiviso en flujo”. Para explicarlo, distingue entre dos órdenes de la realidad:

El orden explicado es el mundo que vemos, donde todo parece concreto y separado. El orden implicado es una realidad más profunda y subyacente, donde todo está plegado, interconectado y guardado. Es de donde emergen todas las cosas.

Memoria del agua Bohm sanación: el experimento de la gota de tinta.

Pero Bohm no se quedó en la teoría. Un día, viendo un programa de la BBC, se topó con un dispositivo llamado “máquina de glicerina”. Consistía en dos cilindros concéntricos de vidrio transparente, con glicerina entre ellos. Cuando se inyectaba una gota de tinta en la glicerina y se hacía girar lentamente el cilindro interior, la gota se estiraba, se difuminaba y desaparecía por completo. La tinta ya no era visible, pero seguía ahí, “enroscada” dentro del líquido.

Luego, al girar el cilindro en la dirección opuesta, la gota de tinta volvía a formarse. Reaparecía como si nada hubiera pasado, reconstruyéndose de forma perfecta.

Bohm entendió que ese fenómeno era una metáfora exacta de su teoría. La tinta no se destruyó, solo se plegó en la glicerina (orden implicado). Al girar de nuevo, se desplegó (orden explicado). La información no se pierde. Solo se transforma.

¿Qué tiene que ver esto con la sanación?

Mucho. Porque si la información no se pierde, si todo está guardado en algún nivel profundo, entonces las memorias familiares, los traumas heredados, los patrones que se repiten… no desaparecen. Solo se pliegan. Y pueden desplegarse de nuevo cuando algo los convoca.

Las constelaciones familiares, la biodecodificación, el reiki… todas trabajan con esa memoria plegada. No inventan nada. Solo ayudan a desplegar lo que ya está ahí, para que pueda ser visto, comprendido y, si es necesario, transformado.

La sanación, desde esta mirada, no es crear algo nuevo. Es recordar lo que ya sabíamos. Es desplegar lo que estaba plegado. Esa es la pregunta que guía este capítulo sobre la memoria del agua Bohm sanación. David Bohm Y Su Teoría Del “orden Implicado” – REVISTA LITERARIA EL CANDELABRO

Un abrazo grande,
Alejandro Canoza
Raíces y Alas